Publicado: 28 de Abril de 2016

La fámula vendía las joyas de gran valor sentimental y no se han podido recuperar porque se han fundido para su comercio.

AMALIA F.LÉRIDA- abcdesevillaSevilla - 27/04/2016 a las 23:15:58h. - Act. a las 08:05:47h.

Cuidaba a una abuela con alzhéimer que vivía en Los Bermejales y en poco más de un año, aprovechando los descuidos de la familia o que estaba sola en el domicilio, se hizo con las alhajas familiares de toda una vida que luego vendía en establecimientos de compraventa de oro, y a su propio nombre.

Ahora que la anciana y víctima ha muerto —falleció después del suceso— se ha conocido la sentencia de unos hechos calificados como delito de hurto continuado, que se produjeron hace ya un lustro, concretamente durante los años 2011 y 2012.

La condenada, de 52 años de edad tendrá que indemnizar a la familia pero las joyas no se las puede devolver ya que tras la venta han sido fundidas; ni tasar porque procedían de herencias de padres, abuelos, regalos de familia y conmemoraciones de efemérides y su valor sentimental no es cuantificable.

El juzgado de lo Penal número 14 de Sevilla ha dictado sentencia de conformidad con la acusada, A.M.S. que la condena como autora de un delito continuado de hurto —artículos 234.1 y 74 del Código Penal—, a las penas de 18 meses de prisión con accesoria de inhabilitación especial del derecho de sufragio pasivo durante la condena, y a indemnizar a la hija y a la nieta de C.N. con el pago de 13.467,83 euros y de las costas procesales.

En este asunto ha ejercido la acusación particular como letrado Francisco Calle Bautista para las dos perjudicadas: R.M., hija de C.N. y M.A., hija de la primera.

Desde marzo de 2011 hasta el 30 de junio de 2012, la acusada A.M. había trabajado en el domicilio sito en avenida de Francia de Sevilla, en el barrio de Los Bermejales, cuidando de la madre y abuela de las querellantes.

Durante ese tiempo se apoderó de numerosas joyas propiedad de la familia y luego, entre el 14 de noviembre de 2011 y el 12 de julio del año siguiente,las vendió en establecimientos de compraventa de oro a su propio nombre por un valor total de 13.467,83 euros, según se desprende del atestado de la Policía Nacional.

Los contratos estaban firmados por la condenada en las cuatro tiendas a las que acudió y los efectos hurtados fueron todos reconocidos por las perjudicadas en las diferentes fotografías que les fueron exhibidas en el transcurso de la investigación llevada a cabo por la Policía.

No se ha podido recuperar ninguna de las piezas sustraídas porque al poco tiempo de ser vendidas en esos establecimientos oficiales son fundidas para comerciar con el oro, por lo que pierden todo su valor artístico, «y lo que es aún más doloroso, el valor sentimental que muchas de esas joyas tenían para las víctimas», señala el abogado.

«Este valor sentimental no ha sido cuantificado, no puede ser cuantificado, por el perito tasador del juzgado, lo que implica que el sentimiento de pérdida y por ende, el perjuicio sufrido por mis clientes sea mucho mayor y no quede resarcido solo con los 13.467,83 euros antes referidos», agrega Calle Bautista.

Además, el letrado destaca que la autoría de la acusada es más patente, si cabe, ya que hay que tener en cuenta que la desaparición de las joyas de gran valor sentimental para la familia del citado domicilio en el que trabajaba y en el que únicamente vivían al tiempo de los hechos las perjudicadas y la anciana, se produjo sin empleo de fuerza alguna en el lugar donde se encontraban.