Publicado: 27 de Julio de 2015

Los registros en las asociaciones o clubes de perro, así como los datos de titularidad que obran en los microchips de los perros, carecen de eficacia en el orden civil para acreditar el dominio y no constituyen prueba suficiente.

El Juzgado Mixto nº 4 de Utrera (Sevilla) ha dictado sentencia que ordena a J.A.R.G. entregar a nuestro cliente D.R.N. residente en Tenerife, el perro ATHOS DE KROMYOUSA que tenía en su poder, en tanto que ha estimado la demanda formulada por el despacho FRANCISCO CALLE Abogados en nombre de D.R.N. para recuperar la propiedad del citado perro, propiedad que era discutida por el demandado alegando que el anterior dueño, mediante acuerdo verbal, le cedió la propiedad y posesión del perro en marzo del año 2011 a cambio de asumir el demandado todos los gastos de mantenimiento, adiestramiento, preparación y presentación a certámenes y que le instaló un microchip en septiembre de 2011, figurando él como propietario.

Afirma la citada sentencia -que es firme por no haber sido recurrida por ninguna de las partes-, que de las pruebas practicadas en el acto de la vista, así como de las obrantes en autos, resulta acreditado que el único que posee título jurídico y válido de propiedad sobre el perro litigioso es el actor, dado que es quien compra el mismo de su primer propietario, J. L. C. (propiedad la de éste no negada de contrario), como consta en el contrato de compraventa de fecha 16 de junio de 2013 (doc. nº 1 de la demandada), contrato que no se ha impugnado por la parte demandada y que, por tanto, goza de pleno valor probatorio del negocio jurídico al que hace referencia.

Frente a dicho título jurídico plenamente válido, no pueden prevalecer las alegaciones del demandado para sostener su legítima titularidad sobre el animal, puesto que, por un lado, el propio J.L.C. negó, en el acto de la vista, haber transmitido la propiedad del perro al demandado, sólo la posesión para su adiestramiento y, por otro lado, el propio demandado, en su escrito de contestación, manifiesta que, en dicho trato, acordaron que J.L.C.  seguiría constando como propietario del perro ante el Real Club Español del Perro Pastor Alemán y, a su vez, que el microchip lo implantó previo acuerdo con J.L.C., lo que demuestra que tales registros en las asociaciones o clubes de perro, así como los datos de titularidad que obran en los microchips, cuanto menos, de los perros, carecen de eficacia en el orden civil para acreditar el dominio y no constituyen prueba suficiente, máxime cuando consta que, tanto el actor como el demandado, tienen documentación acreditativa de sendos microchips, conforme a los que el perro estaría a nombre tanto de uno como de otro, por lo que poca certeza se desprende de dicho medio de identificación, no ya del animal, sino del que se atribuya su propiedad. 

Esto es así, sobre todo cuando, como en el presente caso, existe un contrato de compraventa válido y eficaz no controvertido, conforme al que el actor es el dueño del perro por habérselo vendido su anterior propietario, J.L.C. y atendiendo a las propias alegaciones del demandado. En este sentido, como se ha expuesto, el propio demandado se contradice con los argumentos que pretende usar para hacer valer su titularidad frente al actor, dado que basa la legitimidad de su propiedad en los registros del Real Club Español del Perro Pastor Alemán en donde el perro figura a su nombre, y en que el perro tiene implantado un microchip también a su nombre y, sin embargo, en su escrito de contestación, reconoce que acordó con J.L.C. que mantuviera su propiedad en el citado club y que el microchip se lo puso al perro previo acuerdo con el mismo, lo que evidencia, por una parte, que reconoce que el perro era propiedad de J.L.C. aunque él lo poseía y, como se ha dicho, que ningún valor jurídico de eficacia plena tienen, ni los datos que obran en el citado club ni en el microchip del perro.

Conclusiones, las anteriores, que, por otra parte, fueron corroboradas por el testigo que depuso en el acto de la vista, A.M.S., Presidente de la Delegación del Real Club Español del Perro Pastor Alemán en Andalucía, quien declaró que, en el citado club, están expectantes ante este proceso, a los efectos de considerar o no al demandado como dueño del perro, lo que revela, una vez más, que todos los documentos que posee el demandado y que pretende hacer valer en este litigio para acreditar su legítima y prevalente propiedad sobre el perro, carecen de valor probatorio pleno y, en ningún caso, frente a un contrato válido de compraventa como el aportado por el actor, debiendo prosperar la acción reivindicatoria ejercitada por él.